Escapada a Cals Frares, en Santa Elena d'Agell

Un restaurante casi museo

Juli Ramon ☺Juli Ramon ☺
Escapada a Cals Frares, en Santa Elena d'Agell
Darrera actualització:
Foto d' Andrea Prat i Juli Ramon per Escapadesenparella.cat

Cals Frares es un restaurante situado en el vecindario de Santa Elena d'Agell, en la población maresmense de Cabrera de Mar. Ocupa una masía que data del siglo XIII y que tiene elementos arquitectónicos renacentistas, barrocos y neoclásicos. Tanto si vais en pareja como en familia, no dudéis en visitar a los animales: hay desde faisanes hasta caballos, pasando por animales de corral, cabras y burros.

Escapada a Cals Frares, en Santa Elena d'Agell: Bienvenidos a la escapada de la semana, ¿nos acompañáis?

Es sábado y la escapada de hoy se nos ha ocurrido a última hora, en parte gracias al hambre. Es cierto que hace unos días que publicamos sobre todo escapadas gastronómicas y escapadas culturales, ¡pero no lo podemos evitar! Eso sí, os prometemos sorpresas muy pronto.

Volviendo al tema: esta semana nos escapamos a una masía-restaurante auténtica, un restaurante casi museo. Hablamos del Restaurante Cals Frares, en Cabrera de Mar.

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Hacia Cabrera de Mar

Son las 14 h y el hambre empieza a hacer acto de presencia, así que, aprovechando que hoy juega el Barça contra el Madrid, haremos una escapada gastronómica al restaurante Cals Frares, donde por lo que tenemos entendido se come muy bien y con un poco de suerte encontraremos alguna mesa libre. Una anotación: os recomendamos que no hagáis como nosotros y llaméis para reservar mesa antes de ir, porque prácticamente siempre está lleno.

Subimos al coche y al cabo de un rato llegamos a la altura de Cabrera de Mar, donde cogemos la salida de la autopista y la carretera de Vilassar dirección Argentona. A medio camino entre los dos pueblos hay un indicador que anuncia el Veïnat de Santa Elena d'Agell. Para llegar a Cals Frares hay que coger una calle que sube y girar a la derecha hasta el aparcamiento del restaurante, justo al lado de la ermita que da nombre al vecindario. Si os encontráis el aparcamiento lleno, como nos pasa a nosotros, podéis seguir calle arriba hasta el segundo aparcamiento. Nosotros dejamos allí el coche, bajamos y vamos hacia la entrada del restaurante.

La masía

Nos da la bienvenida la entrada a la era de la masía: a la derecha están los servicios, delante el patio que antiguamente era la era de la casa y al fondo unos pequeños corrales y gallineros donde hay gallinas y otros animales de granja, como una cabra, un burro o faisanes. También hay una cotorra y canarios. Os comentamos lo de los servicios porque nos sorprende que estén fuera del restaurante, y no queremos que lleguéis tarde si os entran prisas a media comida.

Entramos. El interior de Cals Frares parece un museo: hay de todo, desde herramientas antiguas para trabajar el campo hasta azulejos con dichos tradicionales, fotografías con personalidades de equipos de fútbol, piezas de decoración… ¡Nos encanta! También nos gusta mucho que al entrar te encuentres directamente con el mostrador; nos recuerda a esos hoteles antiguos donde el pasillo te lleva hasta la recepción nada más entrar. Preguntamos si tienen mesa para dos y ¡bingo! Hoy comemos. Hemos hecho bien pensando que, con el «clásico», la gente no saldría tanto. De hecho, eso mismo nos dice la chica que nos atiende.

El comedor

Para llegar a la mesa pasamos por el comedor principal, decorado también con aperos del campo. También hay unas botas de vino, todavía en uso, una prensa y una gran bóveda catalana en el techo. Cruzamos una segunda puerta y finalmente nos sentamos.

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Qué comimos

Ya con la carta, nos encontramos con el problema de no saber por qué plato decidirnos, pero después de pensarlo un rato pedimos sopa de galets con pelota de primero y, de segundo, una parrillada de carne, con conejo, butifarra, cordero, pollo, pie de cerdo y churrasco. Lo acompañamos todo con unas rebanadas de pan tostado, alcachofas a la brasa, patatas fritas y judías salteadas. Para beber, vino y agua.

El primero tarda muy poco en llegar y con el segundo pasa lo mismo. El servicio es atento y, aunque el restaurante empieza a estar prácticamente lleno, no nos descuidan en ningún momento. De postre pedimos un coco helado y una piña natural con crema catalana. Suena bien, ¿verdad? ¡A nosotros nos ha encantado! Ya más que llenos, pedimos el café y la cuenta.

Pagamos. El precio no es exageradamente caro para la cantidad y la calidad de lo que nos han servido; podríamos decir de muchos sitios donde por raciones más pequeñas te cobran el doble. Así que salimos muy contentos, tanto por haber comido en una masía-restaurante del siglo XIII como por la comida y el trato. Eso sí: Cals Frares no acepta tarjetas de crédito, así que si venís aseguraos de traer efectivo.

Los animales de la finca

Al salir no nos olvidamos de ir a saludar a los animales, sobre todo Andrea, a quien todos se le acercan. Estamos un rato tocando a Valentina, la burra, y a Rosita, la cabra que le roba la comida a Valentina. También nos quedamos mirando los pollitos, las gallinas y los conejos, hasta que cogemos frío y decidimos volver al coche muy contentos de habernos escapado a Cals Frares.

Como siempre decimos: ¡volveremos!