Escapada a La vita in Fiori

Un trozo de Italia en Sant Cugat del Vallès

Juli Ramon ☺Juli Ramon ☺
Escapada a La vita in Fiori
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Foto d' Andrea Prat i Juli Ramon per Escapadesenparella.cat

¡Sorpresa! El viernes te llevaré a cenar. Así empezaba la aventura del viernes pasado a las 20:15 horas, pese a haber quedado a las 20 h. Juli llegaba tarde, como siempre. Mientras salíamos de Barcelona dirección Sant Cugat me decía: ¿sabes adónde vamos? Pero yo ni idea. Soy una persona a la que le gusta saber los detalles de las sorpresas antes de que sucedan, y pensaréis: ¡pero si sabes de qué va la sorpresa ya deja de ser una sorpresa! Pues sí, pero soy así. Y yo venga a hacer preguntas, y él sin decirme nada, solo me respondía: ¡sorpresa! Aunque de hecho la sorpresa se la llevó él cuando adiviné que íbamos al restaurante italiano La vita in Fiori de Sant Cugat.

Escapada a La vita in Fiori: Bienvenidos a la escapada de la semana, ¿nos acompañáis?

La vita in Fiori es una pizzería y trattoria en el centro de Sant Cugat del Vallès, en la Plaça Octavià, 8, al lado del monasterio. Con una forma alargada y un diseño inspirado en un estilo mediterráneo muy tradicional e italiano, de la mano de Thomas Valls, es un restaurante acogedor ideal para ir en pareja.

Efectivamente, Juli había reservado mesa en La vita in Fiori, un restaurante italiano de Sant Cugat, justo al lado del monasterio.

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Una vuelta por Sant Cugat

El paseo por el centro del pueblo, pese al viento y al frío por la bajada de las temperaturas del día anterior, fue precioso. El monasterio estaba todo iluminado y era imposible no mirar lo alto que es y los detalles arquitectónicos que lo caracterizan.

La fundación del monasterio, llamado Sant Cugat d'Octavià, se sitúa en el siglo IX, en el contexto de la expansión del monacato benedictino en los condados catalanes bajo el impulso de la monarquía franca. Durante los siglos X y XI la comunidad de Sant Cugat experimentará un gran crecimiento y tendrá mucha influencia política y espiritual dentro de la diócesis y el condado de Barcelona. En 1931 fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional.

Para más información os invitamos a visitar la web del Ayuntamiento de Sant Cugat.

El restaurante

Volvamos a lo que importa: el restaurante. Os recomendamos reservar mesa si queréis ir un viernes por la noche o en fin de semana, porque si no os tocará comer en la terraza cubierta o, en el peor de los casos, reservar para otro día. En nuestro caso hicimos la reserva por internet a través de su web, y menos mal, porque si no no habríamos cenado. Estaba lleno de gente, tanto dentro como fuera en la terraza. Nada más entrar ya se ve cómo preparan las pizzas, ¡en el horno de piedra! ¡Qué buen olor hacía!

El camarero nos acompañó a la mesa, bien puesta, con los típicos manteles italianos de cuadros blancos y rojos y, a un lado un banco y al otro la silla. Sabéis dónde me senté yo, ¿verdad?

La carta

Mirábamos la carta. Teníamos mucha hambre. El restaurante olía muy bien y no sabíamos qué elegir. Mientras leíamos las opciones íbamos comiendo los grissini, ideales para picar.

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Juli ya había ido a comer un día con su jefe y justamente descubrió que le gustaba la pasta a la carbonara, una receta que nunca antes había conseguido gustarle (y mira que yo le había recomendado que la probara… cosas que pasan). Así que él tenía claro lo que quería, pero claro, ir a un italiano y no comer pizza, ¡con lo que nos gusta!

Qué pedimos

Al final hicimos una cosa: pedimos de primero, para compartir, penne rigate a la carbonara y, de segundo, una pizza Capricciosa para cada uno. A diferencia de otros restaurantes italianos, la masa de las pizzas es muy fina y los ingredientes son de primera calidad. Si pedís una Capricciosa disfrutaréis de una masa fina cocida al horno con tomate, mozzarella, jamón dulce, alcachofas, olivas y champiñones.

También os recomiendo probar los antipasti, como el Tricolori, un aperitivo 100 % italiano a base de queso parmesano en dados, tomate seco y olivas de Sicilia.

La verdad es que los penne a la carbonara estaban… deliciosos. Ahora mismo me comería otro plato. Pero después vino la pizza, ¡y qué pizza! ¡No cabía en el plato! Era fina pero muy grande. Y ahí surgió el problema: yo tenía hambre, pero no tanta como para acabármela. Qué pena me dio.

Juli estaba encantado, iba comiendo, y mira que está como un fideo. De todos modos dejó un trozo pequeño y me comentó varias veces que en el menú del mediodía las cantidades son más reducidas, tanto de los primeros como de los segundos, y que por 12 € se disfruta de la misma calidad.

Los postres

Después vinieron los postres. Aunque no pedimos, os recomiendo la Panna Cotta con mermelada de frambuesa. Si os gustan los postres italianos caseros, ¡este es vuestro sitio!

Como os decía, es un restaurante ideal para ir en pareja. El precio no es exageradamente caro y se lo vale solo por el servicio, la comida y el entorno. Así que, ¿a qué esperáis para ir?