Escapada con raquetas de nieve al Puigpedrós

Escapada con raquetas de nieve al Puigpedrós acampando en el Refugio de Malniu. ¡Descubre con nosotros el Puigpedrós!

Juli Ramon ☺Juli Ramon ☺
Escapada con raquetas de nieve al Puigpedrós
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Foto d' Andrea Prat i Juli Ramon per Escapadesenparella.cat

Es 3 de abril, son las 18 de la tarde y estamos empezando a preparar la tienda de campaña en el Refugio de Malniu. Todavía hay nieve, aunque cuando llamamos el jueves pasado nos aseguraron que no había; supongo que es cuestión de perspectivas, pero da igual: nosotros venimos dispuestos a hacer el Puigpedrós.

Escapada con raquetas de nieve al Puigpedrós: Bienvenidos a la escapada de la semana, ¿nos acompañáis?

De hecho, mientras subíamos en coche hasta el refugio nos hemos quedado con la boca abierta al ver el grosor de nieve que todavía había. Pero eso no es lo que realmente me preocupa: al ser mi primera acampada, además de pensar si vendrá un lobo a comerse la cena, el desayuno o la comida, temo el frío que podemos pasar por la noche (y que efectivamente acabaré pasando).

Montar la tienda en Malniu

Estamos tardando más de lo normal en montar la tienda, ¡se nos resiste! Pero pese al mal humor de Juli, que poco a poco se le va pasando, acabamos de montarla cuando todavía no es de noche y nos da tiempo a ver cómo el sol se pone entre las montañas del otro lado del valle. También nos fijamos en que el lago que tenemos al lado —que no es el de Malniu, sino el artificial— está helado: señal de que por la noche hará frío.

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En poco rato se hace de noche y nos dedicamos a preparar un plato de sopa bien caliente.

Una vez cenados nos vamos a dormir, eso sí, bien tapados, para descansar y levantarnos muy temprano mañana y hacer el Puigpedrós.

Qué es el Puigpedrós

El Puigpedrós, conocido también como Puig de Campcardós, es una montaña situada entre el municipio de Meranges y el de Porta (Cataluña Norte). Para llegar a la cima se caminan 3 horas desde el refugio de Malniu, porque la montaña tiene 2.914 m de altitud y es de las más altas de Cataluña.

Lo que no sabíamos antes de empezar esta aventura es que haría tanto frío por la noche. Mucho frío. Por la mañana, cuando nos levantamos, estamos a 3 ºC y el techo de la tienda está escarchado. Ya lo sabéis: si vais alguna vez a acampar al Pirineo, aunque sea en abril, ¡coged los sacos de dormir de invierno!

Yo no quiero salir de la tienda del frío que hace, pero toca ponerse en marcha. Nos tomamos un Cacaolat caliente, calentado en la misma cazuela donde cocinamos la sopa de anoche.

Como os decía, lo que tampoco esperábamos encontrar es tanta nieve; tanta que, por la mañana, cuando vamos al refugio a avisar de que nos vamos, nos recomiendan coger material de seguridad para subir. Así que alquilamos un par de raquetas cada uno. ¡Eso sí que es una sorpresa! Es la primera vez que nos calzamos unas.

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Empezamos a subir

Una vez alquiladas y con la mochila preparada, empezamos a subir dirección a la Estación del Meteocat. Nos quedan por delante unas 3 o 4 horas de ruta. El camino se nos hace largo: primero porque la nieve dificulta avanzar aunque llevemos raquetas, segundo porque el desnivel es pronunciado y tercero porque no encontramos el camino correcto y damos vueltas y vueltas. Pero después de subir, bajar, caminar, caernos alguna vez y no parar de reír, encontramos la ruta correcta y llegamos al Coll de les Molleres.

El sol empieza a picar, pero la sensación es de mucho frío. Paramos a desayunar junto a unas rocas grandes, donde hay una pareja —de la Franja, diría— que nos indican que vamos por buen camino. Volvemos a arrancar, que todavía queda camino por hacer.

Parece que llegamos a la cima, pero siempre nos encontramos con montañas y más montañas delante y, claro, hay que seguir avanzando. Si alguna vez hacéis esta ruta veréis que la perspectiva es traicionera: una vez pasado el Coll de les Molleres y llegados a las Molleres de Puigpedrós, la cima queda prácticamente delante, pero todavía falta un buen rato para llegar arriba.

Precisamente en el tramo hasta las Molleres de Puigpedrós pensamos que no podremos subirlo: hay mucha pendiente y mucha nieve, e incluso nos cruzamos con algunas placas de hielo. ¡Pero lo acabamos superando! Y ahora sí, la cima queda delante, aunque no nos lo pondrá nada fácil. El tramo más complicado del trayecto es la subida final, donde incluso resbalamos. De hecho, el cansancio empieza a notarse.

La cima

Finalmente llegamos. ¡Ya estamos, lo hemos conseguido, viva! Estaba contentísima, no podía parar de reír y de ver todo lo que había hecho. La experiencia, y las vistas, fueron espectaculares.

La bajada

Pero todavía queda la bajada, que decidimos hacer usando el culo como trineo, sí, sí: nos sentamos y, con el anorak y los pantalones, nos dejamos ir pendiente abajo. Y reímos… ¡reímos sin parar! Seguimos bajando poco a poco. Incluso nos mojamos: sin querer metemos el pie en un arroyo que baja del nevero.

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Para bajar no seguimos el mismo camino que hemos hecho a la subida, sino que preferimos investigar y salirnos de la ruta marcada, tomando como referencia un arroyo que baja hasta el lago donde hemos acampado. Más de una vez tenemos que saltar para no volver a caer al agua. ¡Eso sí que es divertido!

Comer en la tienda

Una vez en la tienda, sobre las 16:30, preparamos la comida. La ruta ha sido de unas 5 horas, más de lo que pensábamos, ¡pero lo hemos conseguido!

Mientras Juli prepara unos frankfurts, pan con tomate y algún que otro trozo de fuet, yo aprovecho para descansar y empezar a recoger. Y al contrario que por la mañana, cuando estábamos solos, el refugio está lleno de gente que comenta en voz baja: ¿cómo han podido acampar aquí esta pareja con el frío que hace? Nos miramos y nos reímos: ¡nosotros somos así!

Desde aquí queremos dar las gracias al equipo de personas que hay detrás del refugio y al Ayuntamiento de Meranges por mantener en buen estado el entorno.

También queremos mencionar que si necesitáis cargar el móvil u otros dispositivos electrónicos, el refugio tiene un servicio de carga en el interior.