
Historia
Escapada al Santuario de Puig-agut, una ermita con encanto en Osona
Descubrimos un paraje espectacular tierra adentro, en Manlleu (Osona), a tocar del Prepirineo. El Santuario de Puig-agut es un punto de referencia en la comarca, ideal para una escapada de medio día para estirar las piernas y disfrutar del entorno natural.
Si algo tiene el verano, además del calor, que en esta casa no llevamos demasiado bien, es que cualquier tarde puede pasar de ser un simple trámite a convertirse en una escapada que es un regalo para la vista y los sentidos. No tener horarios y poder improvisar te permite descubrir rincones escondidos, como el Santuario de Puig-agut, que, si tenéis la suerte de visitar, os dejará maravillados haga el tiempo que haga.
Todo empieza un viernes de agosto por la tarde, cuando quedamos con una pareja de amigos para hacer una escapada al Santuario de Bellmunt. Ya os avanzo que esta será una escapada a cuatro bandas, bueno, a cinco si contamos a Isona, nuestra nueva incorporación al equipo.
El punto de partida es Sant Hipòlit de Voltregà, un municipio de unos 3.000 habitantes situado a pocos kilómetros de Vic, la capital de la comarca. El tiempo, sin embargo, parece revuelto, y el cielo, de un azul marino precioso pero también intimidante, deja intuir que la lluvia, el viento y el frío estarán muy presentes allí adonde nos dirigimos. Por eso, pocos minutos después de salir del pueblo, decidimos cambiar de ruta y ponemos rumbo a nuestro nuevo destino, a menos altura y donde parece que el sol todavía hace acto de presencia: el Santuario de Puig-agut.
El Santuario de Puig-agut es un santuario de estilo neogótico que data del siglo XIX y se encuentra en el término municipal de Manlleu, en la comarca de Osona. El Santuario está incluido en el Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña. Como curiosidad, además de las espectaculares vistas que nos ofrece, ya que se encuentra en el punto más alto del término de Manlleu, a 696 metros sobre el nivel del mar, junto al mismo Santuario está el bar-restaurante Ca l'Ermità, un restaurante de cocina tradicional catalana donde podemos quedarnos a comer.
El recorrido de Sant Hipòlit al Santuario de Puig-agut lo hacemos en coche; el camino es asequible para cualquier vehículo y en cuestión de un cuarto de hora llegamos al nuevo destino. Si quisiéramos, podríamos llegar en coche hasta los pies del santuario, pero nosotros optamos por aparcar junto a la Casa de l'Hora y hacer el último tramo hasta el Santuario de Puig-agut a pie. Así estiramos las piernas y hacemos hambre para la cena.
El camino, primero asfaltado y después de tierra, nos permite ver en todo momento el Santuario al fondo, en esta época del año acompañado de unos campos sembrados de un verde intenso que contrasta de forma fantástica con el azul marino del cielo y los rayos de sol que todavía brillan.
En poco más de veinte minutos caminando con calma nos plantamos delante del Santuario, característico por su cúpula con tejado de color verde. El paisaje es precioso y desde este punto, el más alto del término municipal de Manlleu, a 696 metros sobre el nivel del mar, contemplamos una panorámica del Collsacabra, el Santuario de Bellmunt, la llanura con Manlleu en primer plano y, al otro lado, Sant Hipòlit y Les Masies de Voltregà.
Este cielo de tormenta de verano que nos acompaña toda la tarde hace que el paraje tenga todavía más encanto y nos ofrece un fondo único para disfrutar del Santuario en primer plano, que vigila los montículos de tierra erosionados por el agua, que les ha dado unas formas caprichosas que parecen de otro planeta.
Como os comentábamos más arriba, junto al Santuario de Puig-agut encontramos el restaurante Ca l'Ermità, un restaurante de cocina tradicional catalana donde podréis disfrutar de una carta muy variada de productos de proximidad. Hoy, sin embargo, no pararemos; lo dejamos para más adelante, ya que parece que el tiempo no nos va a respetar mucho más. Decidimos deshacer el camino de ida, volver al coche y bajar por la carretera hasta el pueblo de Sant Hipòlit de Voltregà, donde nos han dicho que hay un restaurante, Can Liró, con una carta de crepes brutal. Lo comprobaremos.
Son las siete y media y llegamos a Can Liró. Cruzamos el interior del restaurante, nos dirigimos al patio exterior y, después de analizar la carta con detalle, pedimos. Para Andrea, una crep de jamón serrano, cebolla caramelizada y queso de cabra. Para mí, lo mismo pero con beicon en lugar de jamón. Para acompañar, unos fingers de pollo con dos salsas y unas patatas bravas, y de postre una crep de Nutella, para rematarlo.
Salimos encantados tanto con las cantidades como con la calidad y el servicio. El ambiente también es perfecto, con mesas en el interior y en el patio exterior. En esta ocasión hemos cenado fuera, en la terraza, así que hemos podido disfrutar de una cena de verano al fresco. Eso sí, hemos echado de menos llevar jersey: por suerte, las temperaturas ya han bajado.
Ahora sí, con la barriga bien llena y contentos de haber descubierto un nuevo rincón de casa, en este caso en Osona, volvemos al coche y bajamos por la carretera de vuelta a casa, dando por terminada esta fantástica escapada al Santuario de Puig-agut, una ermita con encanto en Osona que os animamos a visitar.























