
Es sábado y hace unas semanas que tenemos reservado este día para una escapada a uno de los sitios más emblemáticos de Barcelona: el parque de atracciones Tibidabo. Hace años que no vamos y tenemos ganas de recordar las vistas que se ven desde el Templo, la Talaia o la Noria, volver a ver la avioneta dar vueltas, divertirnos en la habitación de los espejos, entrar en el Hotel Krüeger y mojarnos en los troncos de La Mina d'Or.
Escapada al Tibidabo, el parque de atracciones de Barcelona: Bienvenidos a la escapada de la semana, ¿nos acompañáis?
El parque de atracciones Tibidabo está en la montaña del Tibidabo, al oeste de la ciudad de Barcelona. Ocupa una superficie aproximada de 70.000 m² y tiene una situación privilegiada como mirador de Barcelona. Es el segundo parque más antiguo de Europa y uno de los más viejos del mundo: se inauguró el 29 de octubre de 1901.
Cómo subimos
Cogemos el coche y vamos dirección Barcelona por la ronda de dalt. Cuando nos hemos despertado caían gotas; esperamos que el día aguante, pero a medida que nos acercamos al parque el cielo se va tapando y la lluvia empieza a caer con fuerza. Empezamos a subir hacia el funicular. Llegamos sobre las 10:00 h, pero leemos en la entrada que los fines de semana abre a las 11:00 h, así que decidimos volver a coger el coche y probar suerte subiendo hasta arriba del todo; al menos ya estaremos arriba.
Vamos hacia el parque por la carretera de la Rabassada. Son las 10:30 h y, una vez arriba, vemos que el aparcamiento es de pago y sigue lloviendo. Nos preguntamos qué preferimos: aparcar un tramo más abajo, en un descampado, y subir a pie bajo la lluvia, o pagar el aparcamiento. Al final nos decantamos por una tercera opción: volveremos al aparcamiento del funicular y esperaremos a que sean las 11:00 h para coger el primero que pase. Ya lo veis, ¡somos expertos en dar vueltas con el coche!
El funicular
Son las 11:00 h y llega el primer funicular. El billete de ida y vuelta cuesta 7,70 €, pero si compráis la entrada al parque os devolverán una parte, así que al final os acabará costando 4,10 €. Por otro lado, si sois socios del Tibiclub os saldrá gratis.
Si sois de Barcelona o alrededores, también podéis subir al parque en transporte público con el bus lanzadera (T2B) desde Vall d'Hebron o el bus T2A desde Plaza Cataluña. Por último, os recomendamos subir con el Tramvia Blau, que data de 1901 y es el superviviente de la antigua línea de tranvías de Barcelona. Os llevará hasta el pie del funicular del Tibidabo y durante la ruta veréis construcciones modernistas y novecentistas que dan paso a la naturaleza y a magníficas vistas de la ciudad.
¡Subimos! El trayecto desde la estación del funicular hasta la entrada del parque dura unos 10 minutos y permite contemplar Barcelona desde otra perspectiva, todo ello mientras te sientes parte de otra época, porque se inauguró el mismo año que el parque, en 1901.
Hemos llegado; sigue lloviendo, pero parece que las previsiones son buenas y a media mañana dejará de llover. Compramos las entradas. El precio de las regulares es de 28,50 € por persona, pero podréis disfrutar de un 2x1 o de un descuento con el Carnet Jove, así que si vais, ¡aseguraos de llevarlo encima!
Para hacer tiempo, antes de entrar hemos parado en el bar de delante del parque y hemos desayunado, esperando que la lluvia pare un poco. Yo pido un buen bocadillo de butifarra y Andrea un cruasán. Así cogemos fuerzas para el día que nos espera. ¡Esperemos no pasar frío!
Las atracciones
¡Y ya estamos dentro! Empezamos estrenando una de las atracciones más nuevas del parque, Interactibi. Si os gusta cazar zombis, es una parada obligatoria. Esta atracción combina gráficos 3D con una gamificación impresionante: unas cámaras os graban mientras jugáis y, cuantos más zombis eliminéis, más puntos os darán, lo que equivaldrá a una mejor posición en el top 5 que se muestra en las pantallas exteriores de la sala. Así que si no queréis quedar mal delante de la gente que hace cola, ¡id afinando la puntería!
Después hacemos parada obligatoria en los Miramiralls y el Hotel Krüeger, y seguimos pasando por el Hurakan, el Diàvolo (las Sillas Voladoras), el Castillo Misterioso, la Mina d'Or y el Museu d'Autòmats.
Hay que mencionar que El Magatzem de les Bruixes i els Bruixots estaba en mantenimiento y no pudimos subir. ¡Una lástima!
Comer en el parque
Hemos parado a comer. Volvemos al bar donde hemos desayunado y me doy cuenta de la ambientación del local: hay un Jeep antiguo en la puerta, y las ventanas, el techo y las plantas de interior te transportan al siglo pasado. Yo pido un bikini y Andrea un bocadillo de lomo con queso y, de postre, un dónut de chocolate. Ya tenemos fuerzas para afrontar la tarde.
La hora de marcharse
Se nos ha hecho un poco tarde, pero al menos ha parado de llover. Antes de irnos subimos al Carrusel, dejando salir al niño que llevamos dentro y, cómo no, haciendo girar la taza a máxima velocidad. También hemos subido a la Noria y hemos podido contemplar Barcelona entera. La puesta de sol nos ha acompañado; ha sido genial.
Ha llegado la hora de marcharse. Volvemos hacia el funicular. Ha sido un día especial, mágico; hemos recordado cuando éramos niños, y es que, de todos los parques de atracciones a los que hemos ido, el Tibidabo es el único capaz de hacernos revivir la ilusión de los más pequeños. ¡Prometemos volver pronto!






