Escapada a Vilanova de Banat, a los pies de la Sierra del Cadí

Nos escapamos a Vilanova de Banat (Alt Urgell), uno de los pueblos más desconocidos de la comarca, pero con unas vistas espectaculares. ¿Nos acompañáis?

Andrea Prat ☺Andrea Prat ☺
Escapada a Vilanova de Banat, a los pies de la Sierra del Cadí
Darrera actualització:
Foto d' Andrea Prat i Juli Ramon per Escapadesenparella.cat

Vilanova de Banat fue fundado en 1255 por Galceran de Pinós, después de trasladar el castillo de Banat, documentado también como Banat de Sobirà, al cerro de Calbell. En un primer momento el municipio se llamó Calbell de Banat, pero en 1290 cambió al nombre actual.

Escapada a Vilanova de Banat, a los pies de la Sierra del Cadí: Bienvenidos a la escapada de la semana, ¿nos acompañáis?

Vilanova de Banat, a 1.240 m de altitud, siempre ha sido uno de los municipios más desconocidos de la comarca, sobre todo para los habitantes de La Seu, pero os aseguramos que vale la pena escaparse hasta aquí, no solo por el encanto del pueblo, sino por las vistas privilegiadas sobre la sierra del Cadí.

Unos días de montaña

Estamos a finales de año y hemos decidido escaparnos unos días a la montaña para disfrutar de la naturaleza y despedir este 2018 sin prisas ni quebraderos de cabeza. Como no hay mucha nieve para esquiar, decidimos hacer el remolón y despertarnos un poco tarde, cuando ya no hace tanto frío para salir de la cama, y comer un buen desayuno de pan con tomate y embutido para encarar el día con energía.

Ya desayunados, duchados y bien abrigados, decidimos coger el coche y acercarnos hasta un pueblecito del municipio de Alàs i Cerc, en el Alt Urgell. ¡Hoy nos escapamos a Vilanova de Banat!

Cómo se llega

Estamos en el coche dirección a La Seu d'Urgell (N-145) y en unos veinticinco minutitos llegaremos. Cruzamos el río Segre y más tarde llegamos al pueblo de Artedó, donde continuamos recto por la misma carretera hasta Vilanova de Banat.

Anunci

Según vamos conduciendo, la carretera se va volviendo más y más blanca; la temperatura es baja, así que tanto los campos como el asfalto están helados. Vamos viendo cada vez más cerca la sierra del Cadí y, a lo lejos, sobre un altiplano a 1.240 m de altitud, el pueblo de Vilanova de Banat. Una imagen impresionante, de postal, que merece una fotografía.

Llegada al pueblo

Aparcamos con facilidad en la calle de entrada al pueblo y vamos hasta el mirador que da a la sierra del Cadí, un mirador con un panel que indica las montañas que tenemos delante, un banco para disfrutar del paisaje y, al lado, un campo llano lleno de vacas que nos dan la bienvenida (o eso nos imaginamos). Acompañados del viento y del frío, nos sentamos en el banco a escuchar el silencio. Solo se oye tranquilidad.

Aunque este año no ha nevado prácticamente nada, el Cadí se muestra blanquecino. La temperatura baja en cotas altas ha ayudado a mantener la nieve caída los meses pasados. Así que la montaña luce blanca, enseñando sus crestas grises. ¡Es precioso!

La iglesia

Después de pasar un buen rato contemplando el paisaje decidimos conocer el pueblo. La iglesia de Vilanova de Banat, llamada Iglesia de Santa Cecília, fue quemada junto con el resto del pueblo en 1562, y no fue hasta 1673 cuando se finalizó la reconstrucción, que es la que se puede ver hoy. Esta iglesia románica y parroquial está dedicada a Santa Cecilia, aunque la fiesta mayor se celebra en agosto.

Anunci

Una vez hemos registrado la iglesia de arriba abajo, seguimos paseando por el pueblo, pasando por la fuente y el lavadero, junto a la plaza, que data de la Primera República y se construyó gracias a la venta de votos de los partidos de aquella época.

Los miradores

Seguimos caminando y nos vamos maravillando con las vistas, con las casas, con el olor a chimenea que se respira. Es uno de esos pueblos que, igual que Querforadat, cuya escapada podéis leer aquí, te enamoran enseguida.

Es en uno de esos callejones donde encontramos otro mirador para seguir contemplando la sierra del Cadí desde otro punto de vista y, con el sol en la cara, disfrutamos del momento.

Acabamos de pasear por el pueblo, disfrutamos de las vistas por última vez y nos despedimos del reguero de gatos y perros que vienen a saludarnos; es hora de marcharse. Sin darnos cuenta la mañana ha pasado volando, así que toca volver al coche y tirar hacia casa, ¡que es hora de comer! Eso sí, seguro que volvemos, Vilanova de Banat.

Volveremos para hacer alguna de las rutas que propones y, sobre todo, cuando caiga una buena nevada. Este pueblo, que ya de por sí es bonito, todo nevado tiene que ser de belén. ¡Hasta pronto!