
El Mas Pla data del siglo XVII; es una casa de labranza situada en la zona protegida de interés natural de Solius, en la Costa Brava, y forma parte del municipio de Santa Cristina d'Aro. La masía, ahora convertida en restaurante y hostal, conserva las características típicas de la masía catalana y está en medio de un entorno rural, pero cerca de zonas turísticas con un gran abanico de actividades para todos.
Escapada al Mas Pla, hostal rural en Solius: Bienvenidos a la escapada de la semana, ¿nos acompañáis?
Es sábado y este fin de semana tenemos claro qué haremos. Aprovechando que por la mañana tenemos que ir hasta Calonge, nos apetece una escapada hacia el interior, parar en el pueblo de Romanyà de la Selva y, sobre todo, dejarnos perder por las carreteras secundarias que van de pueblo en pueblo tierra adentro. Para nuestra sorpresa, hoy será un día especial al descubrir un pequeño hostal de carretera donde pararemos a comer. Hoy os invitamos a comer en el hostal rural que descubrimos en el kilómetro 1 de la carretera GV-6611: el hostal rural Mas Pla, en Solius.
Camino de Romanyà de la Selva
Después de pasar la mañana por Calonge, subimos al coche y cogemos la carretera dirección Romanyà de la Selva y Santa Cristina d'Aro. El entorno es precioso y la carretera está en muy buen estado, limpia y bien asfaltada. Después de un rato conduciendo llegamos a Romanyà, en medio de las Gavarres y rodeado de bosques y llanos cultivados. Como no podía ser de otra manera, paramos, porque tenemos ganas de visitar la iglesia de Sant Martí de Romanyà —con una nave que data del siglo X y un campanario del siglo XI— y de dar una vuelta por el casco antiguo.
Para quien no lo sepa, Romanyà de la Selva es una entidad de población que pertenece al municipio de Santa Cristina d'Aro, en el corazón de la sierra de les Gavarres, espacio natural protegido por la Generalitat de Catalunya.
El casco antiguo
Aparcamos a pie de carretera y entramos en el casco antiguo en dirección a la iglesia de Sant Martí. Si alguna vez visitáis la zona, os recomendamos parar también en los conjuntos megalíticos que hay cerca, porque Romanyà tiene uno de los conjuntos de dólmenes mejor conservados de la región: el de la Cova d'en Daina, el Dolmen del Roquet, la Cista d'en Güitó y algunos menhires dispersos, como el menhir de la Murtra.
Bajamos el callejón hasta llegar delante del Restaurante Can Roquet, una masía del siglo XVII restaurada y decorada por Donald de Ridder y Kenn Van Roy, dos belgas que, después de llegar a la provincia de Barcelona a mediados de los años 1980, se establecieron en Romanyà de la Selva para fundar Can Roquet, donde llevan su obra más carismática, fusionando la cocina catalana de toda la vida con la cocina francesa clásica, añadiendo toques de sofisticación, elegancia y, como dicen en su web, incluso algunas sorpresas.
La iglesia
La iglesia queda justo al lado de Can Roquet. Solo hay que cruzar el patio y subir unas escaleras para llegar delante del campanario. Nos hacemos algunos selfies y seguimos caminando hasta encontrarnos con un busto dedicado a Mercè Rodoreda: resulta que vivió los últimos años de su vida en Romanyà, donde los paisajes y el entorno le sirvieron de inspiración para algunas de sus obras, como la famosa Mirall Trencat. Encontraréis más información sobre el Itinerari literari Rodoreda Romanyà al final del post.
Ahora que ya hemos visitado la iglesia y dado una vuelta por las calles de Romanyà, el hambre empieza a hacerse notar, así que subimos al coche y continuamos por la GIV-6613, dejando atrás Bell-lloc, hasta que, después de cruzar la C-65, nos topamos con una casa rural de lo más auténtica donde vemos que también sirven comidas. Así que, aprovechando que tenemos hambre, entramos con el coche al patio principal de la casa, aparcamos y preguntamos si ya han abierto.
El Mas Pla
Nos atiende un hombre muy simpático que nos comenta, en la misma entrada, que lo que tienen es comida de payés; es decir, son un hostal restaurante pero, a diferencia de los restaurantes a los que estamos acostumbrados, donde nos traen la carta o el menú, aquí te sirven lo que tienen ese día. Y como a nosotros nos gusta la idea, nos quedamos encantados. De hecho, nos recuerda a las casas de agriturismo que visitamos el verano pasado en Cerdeña.
Entramos. La casa tiene un comedor muy grande decorado con muebles antiguos, muy antiguos. La decoración es clásica, funcional pero acogedora, aunque lo que más nos llama la atención son dos cosas: la gran mesa que hay en medio del comedor y el techo de bóveda catalana. ¡Eso sí que es auténtico! Por cierto, la mesa nos impacta porque está pensada como las de los Starbucks, para que la gente se siente al lado de otros mientras come.
A la mesa
Finalmente nos sentamos en la mesa principal, junto a la chimenea; de momento estamos solos. De todo lo que nos dicen que han cocinado hoy, nos quedamos con una ensalada catalana y unos macarrones de primero, y de segundo cordero y butifarra a la brasa con judías. De postre comemos crema catalana y un yogur. Todo está buenísimo, la carne nos la hacen en la misma chimenea y el hombre no nos deja desatendidos ni un segundo. El precio también está muy bien: por todo lo que hemos comido y por la calidad de la comida y del servicio, nos ha costado 16 euros por persona.
Decididamente es una parada obligatoria cuando estés por la zona. Gente del hostal rural Mas Pla, ¡os prometemos que volveremos, y esta vez también para quedarnos a dormir!






