
La Masia el Puig es el resultado final de la búsqueda de un lugar muy especial. El silencio y la tranquilidad definen esta masía rural. Lejos del ruido y del estrés de cada día, el entorno del Puig, en un punto único de la Garrotxa, es un espacio natural de absoluta paz que te hará sentir muy cerca del cielo.
Escapada a la Masia el Puig, una escapada romántica: Bienvenidos a la escapada de la semana, ¿nos acompañáis?
Camino de la Vall de Bianya
Llegamos al aparcamiento a las afueras de Besalú y preparamos el GPS; en unos 30 minutitos llegaremos a Sant Joan les Fonts, dirección Castellar de la Muntanya, en la Vall de Bianya, pueblo que dejaremos atrás para encarar la carretera que lleva hasta la Masia El Puig. La carretera es buena hasta Sant Joan les Fonts y el trayecto se nos hace incluso corto, pero tenemos que avisaros: estad atentos a la velocidad permitida, porque hay radares escondidos. No vaya a ser que os llegue una carta sorpresa a casa, como nos pasó a nosotros…
Por fin llegamos a Sant Joan les Fonts, un pueblo de no más de 3.000 habitantes, y cogemos el camino de Castellar de la Muntanya que, cruzando el río Fluvià, sube montaña arriba. A medio camino la carretera deja de estar asfaltada y empieza un tramo de tierra. El camino está en buen estado y es apto para todos los vehículos; eso sí, tendréis que lavar el coche al volver a casa, porque quedará bien polvoriento. ¡Pero os aseguramos que vale la pena!
Después de 15 minutos de baches, piedras y polvo llegamos al aparcamiento de delante de la Masia el Puig y entramos. Cruzamos la cancela y, nada más abrir la puerta, nos quedamos con la boca abierta al ver el jardín, porque no falta de nada: hay un huerto y un gallinero, un columpio, un estanque con carpas y libélulas, una gran explanada de césped bien verde, un mirador espectacular y una piscina infinita en la que nos pasaríamos el día.
La masía por dentro
Entramos en la casa y acabamos de enamorarnos. Todo está decorado hasta el más mínimo detalle, con un estilo exquisito. Los símbolos budistas están presentes, el ambiente es de paz, tranquilo, silencioso, con una música de fondo que nos hace desconectar a los 2 minutos de estar allí. Hay que mencionar también que a las 19:30 h hacen meditaciones gratuitas para todos los clientes, así que si queréis acabar de reencontraros, es una oportunidad ideal.
En recepción nos comentan que nuestra habitación es la número 5, así que, cargados con las maletas, subimos las escaleras. Estamos en el tercer piso; ya estamos en la habitación. Abrimos la puerta y no nos puede gustar más: ¡queremos quedarnos a vivir aquí! Tenemos incluso una terracita con una hamaca. Pero aprovechamos que ha hecho sol todo el día y que todavía no se ha ido para ponernos el bañador y bajar a la piscina; hay que probarla y ver las vistas que ofrece la Masia el Puig. Ya tendremos tiempo más tarde de observar todos los rincones de la habitación, donde encontraréis toallas de ducha y también de piscina, por si no os podéis resistir a daros un baño.
La piscina
Después de pensárnoslo dos veces, porque el agua está un poco fría —de hecho es de pozo—, nos metemos y, relajando toda la musculatura, contemplamos las vistas del valle mientras se pone el sol. Es un momento idílico; hacía mucho tiempo que no teníamos la oportunidad de disfrutar de una escena así, y la aprovechamos a fondo.
De nuevo en la habitación y después de una ducha bien caliente nos hemos tumbado en la cama, relajados, contentos de haber descubierto un sitio como la Masia el Puig, en la preciosa Garrotxa. Pero el hambre nos hace reaccionar: hoy hemos comido pronto y la barriga empieza a hacer ruido. Así que decidimos ir a la gran sala de estar y tomar algo antes de cenar. Entre libros interesantes de muchos temas y delante de la chimenea nos tomamos una copa de vino y picamos unas patatas. La música suena de fondo y se está tan bien en este sofá…
La cena
Nos avisan de que ya podemos sentarnos a cenar; tenemos una mesa muy mona preparada. Antes de ver la habitación hemos escogido el menú, así que a Juli le sirven de primero una rebanada de pan con tomate y jamón de bellota, acompañada de una ensalada, y a mí una ensalada con queso de cabra. ¡Buenísimo! A continuación llegan los segundos: un entrecot de ternera con guarnición para Juli y para mí un lenguado de Roses, igualmente delicioso. Pero todavía tenemos sitio para los postres: un yogur con mermelada para Juli y un coulant de chocolate para mí. ¡Nos ha encantado!
Hoy nos vamos a dormir pronto: nos hemos despertado muy temprano y necesitamos descansar.
Domingo: el jardín y la despedida
Ya es domingo y, después de dormir una hora más gracias al cambio de hora, nos duchamos y bajamos a desayunar: una tabla de embutidos variados con pan con tomate, zumo de naranja natural, fruta variada (kiwi, plátano y pera), un café, mantequilla y mermelada de fresa y de melocotón, dos cruasanes y dos yogures de la Fageda con cereales por si los queremos acompañar. ¡Un desayuno muy equilibrado, sano y completo! Si os fijáis, en ninguna de las comidas hemos tomado azúcar; los alimentos son de primera calidad y de proximidad.
Como dejaremos la habitación a las 12:00 h, toca visitar el recinto y, como es habitual en nosotros, no podemos evitar hablar con el propietario, Joan, un hombre encantador que nos explica su proyecto y nos indica los rincones más escondidos de la Masia el Puig. También nos comenta que los servicios van mucho más allá de lo que hemos visto, con actividades como meditación impartida por él mismo, terapias o alquiler de bicicletas eléctricas (25 € dos horas) para visitar la zona y ver los ciervos que hay por los bosques de alrededor.
Vamos a descubrir la tarima que hay en el jardín, un poco más arriba de la piscina. Mientras subimos vamos viendo las vistas y descubrimos un buda muy grande colocado en las rocas de la montaña y, por fin, llegamos a la tarima. Desde allí hay unas vistas impresionantes del valle. Nos encanta. ¡Qué bonita es la Vall de Bianya! Podríamos pasarnos horas mirando el paisaje. Nos gusta tanto que me pongo a hacer taichí; es ideal para una sesión de fotografías.
Se nos hace tarde, ya son las doce y media y todavía queremos acercarnos hasta el volcán de Santa Margarida y después parar en Olot a comer. Así que recogemos nuestras cosas y, después de despedirnos de Joan y de la Masia el Puig, subimos al coche y cogemos el camino de Castellar de la Muntanya de vuelta hacia Sant Joan les Fonts. Nos vamos pensando que volveremos; la escapada ha sido corta pero nos ha encantado. La Masia el Puig es un sitio ideal para parejas, un lugar donde relajarse, desestresarse, buscar o reencontrar el romanticismo que lleváis dentro, vivir el presente rodeados de naturaleza y disfrutar el uno del otro mientras tomáis una copa de vino, habláis, leéis un libro o simplemente disfrutáis de vuestro tiempo en este pequeño rincón del mundo.







