Escapada al Refugio Comes de Rubió

El Refugio Comes de Rubió está a 1.980 m de altitud, en el Parque Natural del Alt Pirineu. Una zona donde se pueden hacer un montón de actividades al aire libre.

Andrea Prat ☺Andrea Prat ☺
Escapada al Refugio Comes de Rubió
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Foto d' Andrea Prat i Juli Ramon per Escapadesenparella.cat

El Refugio Comes de Rubió está a 1.980 m de altitud, en el Parque Natural del Alt Pirineu, en el macizo de l'Orri. Una zona donde se pueden hacer un montón de actividades al aire libre en cualquier época del año: senderismo, trail running, BTT, raquetas de nieve, esquí de montaña, iglús, 4x4, buscar setas, rutas a caballo, parapente o, simplemente, pasar el día en pareja.

Escapada al Refugio Comes de Rubió: Bienvenidos a la escapada de la semana, ¿nos acompañáis?

Como este fin de semana tenemos ganas de nieve, hemos decidido coger el coche y escaparnos al Alt Urgell para hacer más de una excursión, entre ellas, como ya habéis podido leer, al Refugio Comes de Rubió.

Hemos llegado un poco tarde, así que tenemos que darnos prisa porque todavía hay que encender el fuego y preparar la cena. Hoy comeremos un plato de caldo y dos hamburguesas para Juli. Así que cenamos y nos vamos a la cama.

Ya es de día y estamos más molidos de lo que pensábamos. Esta semana hemos tenido mucho trabajo, así que decidimos levantarnos un poco más tarde; con un buen desayuno y una buena ducha cogemos fuerzas y volvemos al coche después de preparar la mochila. Hoy nos escapamos hasta el Refugio Comes de Rubió, en Soriguera (Pallars Sobirà).

Cómo se llega

Para llegar subimos el Port del Cantó y seguimos la carretera hasta el pequeño pueblo de Rubió (Soriguera), el núcleo habitado más alto de Cataluña, por cierto. Antes de llegar, eso sí, paramos en el desvío que va hacia Guils del Cantó para jugar un rato con la nieve y bajar por la pendiente que hay. Juli, que es un experto, ha hecho un trineo con la bolsa del Ikea que llevamos en el coche y se ha pasado un buen rato subiendo y bajando.

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Después de un rato jugando toca ponerse en marcha y seguir la carretera. Hay que decir que inicialmente queríamos escaparnos a Sant Joan de l'Erm pasando por el camino forestal de Canturri, pero el Juke nos dice que hay demasiada nieve para él, así que cambiamos de planes y finalmente llegamos a Rubió, donde empieza nuestra ruta.

El cielo está claro, no hace mucho frío y el sol nos da en la cara. No parece que vaya a haber mucha nieve, así que decidimos ir solo con botas de montaña y olvidarnos de las raquetas.

Empieza la subida

Empezamos el recorrido hacia el Refugio de les Comes de Rubió desde arriba del todo del pueblo de Rubió. El camino va subiendo poco a poco, pisamos tierra mojada y escuchamos los pájaros y la tranquilidad del bosque, pero es antes de llegar al inicio del camino forestal que lleva al refugio cuando nos damos cuenta de que no haber venido con raquetas será la peor decisión del día.

De repente el grosor de nieve empieza a ser considerable —a Juli le llega por encima de las rodillas—, pero poco a poco conseguimos habituarnos y buscamos los tramos donde la nieve está más dura para seguir adelante. Nos cuesta avanzar porque, queramos o no, nos hundimos. ¡Menos mal que el bosque está precioso vestido de blanco! Decidimos dejar el camino un rato y acercarnos al cono de alud para ver qué grosor de nieve hay. Para hacerlo tengo que ir rodando, porque soy incapaz de avanzar. Aquí es donde me doy cuenta de que volver al camino será duro.

Llegada al refugio

Vamos subiendo y nos quedan 20 minutos para llegar al refugio; parece que el esfuerzo ha valido la pena, pero de repente el cielo empieza a taparse. Se levanta un viento que no nos gusta nada, la sensación de frío empieza a ser importante y el sol nos va dejando. Hemos salido de casa preparados para pisar nieve, pero no para caminar bajo ella y, como el coche nos queda un poco lejos, por precaución decidimos dar media vuelta y bajar.

Hay que decir que ya habíamos tenido la oportunidad de escaparnos al Refugio Comes de Rubió en otra ocasión, esa vez en verano, y nos encantó. Os dejamos las fotos que hicimos para que os hagáis una idea de cómo es, y para demostrar que no os engañamos. Ahora lo queríamos ver vestido de blanco, pero parece que tendremos que esperar al invierno que viene.

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La bajada

Con mejor ritmo que en la subida, y entre resbalón y resbalón, volvemos al coche. Llegamos con las botas empapadas; unas polainas nos habrían ido de maravilla. De hecho, las botas quedaron tan mojadas que al volver a casa las tuvimos que poner boca abajo para que se secaran.

El día no nos ha salido como esperábamos, así que decidimos comer unos buenos macarrones y subir a Andorra a hacer unas compras que tenemos en mente. Quien no se conforma es porque no quiere. Necesitamos un objetivo nuevo para la Pentax, un altavoz portátil para las clases de taichí y seguro que cae alguna tontería más, por ejemplo un paraguas: como por la mañana no habíamos tenido bastante, la lluvia nos ha pillado de lleno y hemos tenido que correr a comprar uno. Además, paramos en el Punt de Trobada a comprar comida que nos hace falta y, cómo no, un bote gigante de Lacasitos para Juli, que en su casa dura bien poco, y Conguitos para mi madre y para mí, además de queso y Kinders.

Consejos

Aprovechamos para recordaros que, si subís a Andorra, desactivéis los datos del móvil: solo con que se te descargue un email la broma puede salir muy cara. Sí, ha sido mi caso, y eso que subimos por aquí arriba a menudo.

Ya es hora de volver a casa a cenar. Tranquilamente bajamos las escaleras hacia el jardín cuando, para nuestra sorpresa, vemos las botas y los calcetines empapados; tanto, que al girar la bota nos cae casi un vaso de agua al suelo, literalmente. Parece que aquí también ha llovido. Y parece que alguien se ha olvidado de meter las botas y los calcetines en casa…

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Os podemos asegurar que las botas pasarán mucho tiempo delante de la chimenea y de la calefacción para soltar toda el agua y la humedad que han acumulado.

Ahora sí, acaba un día largo, distinto, divertido pero pasado por agua. No es la primera vez que nos quedamos a medias de una excursión: la Pica d'Estats o el Carlit son buenos testigos. Pero lo importante es disfrutar del rato que pasas fuera de casa, ya sea caminando, corriendo, nadando o volando. Cada escapada es única, así que no os frustréis si no sale como esperabais, porque seguro que al final del día, cuando miréis todo lo que habéis hecho, hay algo que no esperabais vivir y que os ha encantado. Y eso es lo que vale la pena.

Por nuestra parte, mañana nos escaparemos al pequeño pueblo de Montanissell, a los pies de la Serra de Sant Joan (Coll de Nargó), donde tenemos previsto visitar unas viñas de altura y comer en uno de los mejores restaurantes de la zona. Pero eso ya será otra escapada. ¡Hasta pronto!