Escapada a la Cala Estreta, en la Costa Brava

Cala Estreta, en Palamós, es una cala de aguas cristalinas que os va a encantar. Descubre la Cala Estreta: sigue leyendo.

Juli Ramon ☺Juli Ramon ☺
Escapada a la Cala Estreta, en la Costa Brava
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Foto d' Andrea Prat i Juli Ramon per Escapadesenparella.cat

La Cala Estreta es una preciosa cala virgen, rodeada de acantilados, de unos 200 metros de longitud y cinco metros de anchura (si llega). Para llegar hay que seguir el camino de ronda que pasa por la playa de El Castell de Palamós, entre agradables bosques de pinos. Desde esa playa, a un kilómetro aproximadamente, están las islas Formigues, así que el paisaje hacia el horizonte es espectacular. A mitad de camino podemos toparnos con la Barraca d'en Dalí, una pequeña cabaña en medio del bosque que el millonario Albert Puig Palau construyó para que el pintor la usara como taller, aunque nunca llegó a hacer aquí ninguna obra. Ya en la Cala Estreta hay una casita de pescadores, del siglo XV, donde vive el conocido Quico, sin radio ni televisión, pero que te ayudará en todo lo que haga falta. La cala no dispone de ningún servicio; solo en verano se ve a algún socorrista. Durante los meses de verano el aparcamiento es el de la playa de El Castell de Palamós, porque se prohíbe el tráfico rodado, y en invierno la cala tiene un aparcamiento más cerca. Es una cala donde se practica el nudismo.

Escapada a la Cala Estreta, en la Costa Brava: Bienvenidos a la escapada de la semana, ¿nos acompañáis?

Hace tiempo que tenemos ganas de ir a la playa, de seguir descubriendo el país y sobre todo de conocer todos los rincones habidos y por haber de la Costa Brava, así que este sábado decidimos escaparnos por la zona de Palamós, que ya hemos visitado antes. Pero esta vez queremos ir a un sitio maravilloso, con aguas cristalinas e ideal para hacer snorkel, un deporte que nos encanta, así que después de consultar el libro «Camí de Ronda de la Costa Brava», ¡hemos encontrado el destino! Este fin de semana nos escapamos a la Cala Estreta, en la Costa Brava.

La hora de salir

Son las 7:30 h de la mañana. Cogemos la mochila con las toallas, la crema protectora +50 y, sobre todo, el equipo de snorkel, y nos ponemos en marcha. Cogemos la autopista AP-7 dirección Girona y en una horita aproximadamente salimos hacia la playa de El Castell. Hemos tenido suerte: como hemos salido pronto, la carretera iba bastante vacía. Y más suerte todavía porque, aunque el aparcamiento de El Castell es de pago, si llegas antes de las 9 h no pagas, que es la hora a la que abren. Así que contentos: dejamos el coche bastante cerca del camino y encima sin pagar.

Después de cargarlo todo a la espalda, y antes de coger el camino de madera hacia la playa, nos encontramos a una mujer junto a un gran mapa de la zona que amablemente nos da un tríptico con las distintas rutas del camino de ronda. ¡Ahora sí que vamos bien preparados!

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El camino de ronda

Empezamos a caminar y vemos que están abriendo el chiringuito de la playa; ya hay gente tumbada en la toalla y están colocando los kayaks en la arena. Sí, en esta playa se pueden alquilar kayaks para moverse por el agua y llegar a calas de difícil acceso a pie.

Seguimos caminando hacia la izquierda, que es donde está la primera indicación, y es aquí cuando nos perdemos. Teniendo en cuenta que la ruta era de color azul, seguimos el camino de la izquierda y, después de caminar y caminar y ver que nos alejamos de la zona, damos marcha atrás. Decidimos coger el otro camino, hacia el Poblado Ibérico, y ahora sí que vamos bien. Vamos encontrando las distintas calas de la costa, entre ellas una preciosa pero, aun habiendo camino, de difícil acceso: la Cala Foradada. Como su nombre indica, entre los acantilados y el agua cristalina hay una cueva preciosa, donde la gente suele entrar en kayak.

Llegada a la Cala Estreta

Seguimos la ruta y, después de bajadas y subidas bordeando la costa, acabamos llegando a un camino forestal y en pocos minutos encontramos la entrada a la cala. Eso sí, ¡todavía no hemos acabado! Hay que bajar unas grandes escaleras de hormigón y después unos escalones de arena. Pero antes encontramos una maravillosa piscina natural. ¡Qué pasada!

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Tenemos mucho calor, porque aunque vamos bajo los árboles hace bochorno, así que solo queremos llegar y meternos en el agua. Una vez pasadas dos calitas, colocamos la toalla entre dos calas. ¡Perfectos! Solos y tranquilos. Entramos en el agua con cuidado y nos damos cuenta de que habría sido buena idea coger los escarpines, pero nos los hemos dejado en casa. Así que, después de superar las algas, las rocas y algún que otro erizo de mar, ya estamos dentro nadando y con las gafas y el tubo de snorkel preparados. ¡Toca echar un vistazo! Es increíble lo bonito que es el fondo marino: distintos tipos de algas, entre ellas la posidonia, ahora mismo protegida; y también distintos peces, entre ellos doradas y un salmonete. Llevamos un buen rato en el agua y, aunque no está fría del todo, ya empezamos a tener frío, así que toca tomar el sol.

Entre entradas y salidas del agua, llegan dos socorristas con una enorme carpa y nos piden, como a otras personas que han llegado más tarde, que nos apartemos para poder montar el servicio. Así que recogemos todo y nos vamos un poco más lejos, dos calas más allá. Acabamos encontrando un sitio maravilloso, escondido entre las rocas y con arena. El agua entra entre las rocas y forma como piscinas y, mientras nos mojamos los pies, vemos todo tipo de pececillos y bichos, entre ellos lapas y distintos tipos de ermitaños. Aquí disfrutamos mucho del agua; el fondo es espectacular.

Comer en la playa

Al cabo de unas horas toca comer, así que nos comemos los bocadillos y seguimos con nuestro día de playa: entrar y salir del agua y tomar el sol cuando coges frío. Sobre las 15:30 h decidimos marcharnos y buscar un kayak. Hay que decir que hemos vuelto mucho más rápido que a la ida, porque no nos hemos perdido y hemos seguido caminos más directos; incluso nos ha sorprendido pasar por el Puig d'en Gener, de 71 m.

La playa del Castell

Llegamos a la playa de El Castell bastante cansados del día y del calor, así que le damos vueltas a lo del kayak. Aun así vamos a preguntar el precio y, al ver lo que cuesta, decidimos dejarlo y buscar unas botellas de agua en el chiringuito. Después de beber, porque teníamos mucha sed, dejamos las cosas en la arena y nos damos el último baño para quitarnos el calor de encima antes de coger el coche y volver a casa.

Nos damos cuenta de que en la silla del socorrista, además de la bandera amarilla, hay una blanca con dos medusas: se ve que había alguna. Por suerte nosotros no vimos ninguna y disfrutamos del baño como niños.